Las proteÃnas son macromoléculas biológicas compuestas por una secuencia de 20 elementos más simples, aminoácidos, clasificados como esenciales (9) y no esenciales en función de la capacidad del organismo para sintetizarlos de forma autónoma. La diferente combinación entre los distintos aminoácidos confiere a la ProteÃnas una conformación especÃfica, lo que influye en gran medida en la función que realizará. Las proteÃnas están involucradas en casi todas las actividades que tienen lugar dentro del cuerpo: función plástica, hormonal, de señalización, reguladora, inmunológica y más. Nos enfrentamos a un elemento extremadamente importante del que no podemos prescindir. Sin embargo, los debates en torno a ellos son más acalorados que nunca y los mitos que se ciernen sobre ellos no muestran signos de desvanecerse.
No se necesitan proteÃnas
Un tÃtulo deliberadamente provocativo; de hecho, las proteÃnas son percibidas como algo innecesario e indispensable, lamentablemente, incluso por personas que no son ajenas al mundo de la nutrición.

No se prevé ninguna reserva para las proteÃnas, a diferencia de los Hidratos de carbono y los lÃpidos almacenados respectivamente como glucógeno y en el tejido adiposo. Cada dÃa sufren una alta rotación debido a la continua alternancia de procesos de demolición y reconstrucción, lo que en parte implica una pérdida constante de moléculas. Sin un suministro continuo de estos, el organismo se ve obligado a recurrir a sus propias estructuras para obtener aminoácidos, dañándose a sà mismo. Contratarlos no solo es necesario, ¡sino esencial!
¿Diferentes fuentes en una comida? ¡No, gracias!
Una comida no debe consistir en diferentes fuentes de proteÃnas. Por qué esta teorÃa está tan arraigada sigue siendo un misterio.
Sabemos que el cuerpo es incapaz de distinguir los alimentos, más bien decodifica la comida en términos de nutrientes. En el caso de las proteÃnas no se distingue la fuente de la que derivan, pero se percibe el aporte cuantitativo y cualitativo de los aminoácidos. De no ser asÃ, el clásico consejo de combinar cereales y legumbres flaquearÃa, al igual que la combinación atemporal de arroz y pollo (¿o nos hemos olvidado de las proteÃnas del arroz?).

El consumo "heterogéneo" de proteÃnas no tiene ninguna consecuencia, salvo en los problemas gastrointestinales para los que conviene evaluar las señales que envÃa el organismo, respetando la propia subjetividad. Por el contrario, la combinación de varios alimentos proteicos representa una estrategia válida para incrementar el valor biológico de la comida, prolongar la sensación de saciedad debido a la diferente solubilidad y digestibilidad de las distintas proteÃnas, junto con la composición global de las mismas.
ProteÃnas = músculo
Muchos principiantes en el fitness están convencidos de que la ingesta de proteÃnas conduce automáticamente a un aumento de la masa muscular. Aunque las proteÃnas representan alrededor del 20% de la composición muscular y juegan un papel importante en la sÃntesis miofibrilar, no nos cansaremos de reiterar que el estÃmulo de crecimiento más importante es el entrenamiento de resistencia, que prepara el terreno ideal para la optimización de la sÃntesis de proteÃnas.

Sin el estÃmulo de entrenamiento adecuado, la ingesta de proteÃnas traerá beneficios para la salud, pero malos resultados con fines estéticos.
Más es mejor
Hija del mito anterior es la tendencia a querer consumir cantidades exorbitantes de ProteÃnas. No es raro toparse con planes de alimentación con cantidades disparatadas de proteÃnas, inútiles y sobre todo ajenas al tema. El requerimiento de proteÃnas varÃa significativamente en relación con diferentes factores (sexo, edad, fisiologÃa / patologÃa, composición corporal, actividad fÃsica). No existe una utilidad real y probada en consumir cantidades de ProteÃnas significativamente más altas de lo que la literatura cientÃfica actualizada ha recomendado durante años con varios rangos de ingesta para cada situación.
El mito de los 30 gr. por comida
Esta falsa creencia se refiere a un lÃmite hipotético de absorción de proteÃnas de alrededor de 30 gramos por comida. Un concepto equivocado, si consideramos que la absorción está influenciada por innumerables factores y no representa un evento inmediato. No es posible razonar en compartimentos estancos ignorando la fisiologÃa en su totalidad. Una comida rica en proteÃnas se digiere más lentamente, pero los aminoácidos individuales aún se liberan en el torrente sanguÃneo, aunque con un tiempo más prolongado (lo que de alguna manera representa una ventaja).
La cantidad cotizada, en cambio, encuentra confirmación cientÃfica en algunos estudios que destacan la efectividad de unos 20-30g de proteÃnas de alta calidad para estimular al máximo la sÃntesis de proteÃnas musculares en 24 horas; sin embargo, esto no está relacionado con los lÃmites de absorción.
ProteÃnas animales y vegetales: la eterna diatriba
¿Qué fuentes son mejores? Desde un punto de vista cualitativo, se comprueba la superioridad de las fuentes animales, dado el perfil completo de aminoácidos. Por otro lado, una cuidadosa asociación de fuentes vegetales garantiza el aporte de todos los elementos que se necesitan.

Ambas fuentes presentan problemas principalmente relacionados con la matriz alimentaria que las contiene: las fuentes animales pueden contener cantidades de grasas que aumentan la ingesta calórica, mientras que las fuentes vegetales son menos digeribles debido a las fibras. La solución pasa por encontrar un compromiso, consumiendo ambas fuentes en las proporciones adecuadas para beneficiarse de todas las caracterÃsticas nutricionales de las que están dotadas.
Los polvos de ProteÃnas son malos para ti
La ProteÃnas en polvo es el complemento alimenticio más consumido en el mundo. Como sabemos, existen diferentes tipos, orÃgenes y formulaciones según criterios más o menos especÃficos y técnicos.

Contrariamente a la opinión popular, el uso de estos suplementos no implica ningún peligro para la salud: no son más que una fuente concentrada de lo que obtendrÃamos al metabolizar los alimentos sólidos. Las ventajas son practicidad, pureza y costo en comparación con la CONTENIDO NETO de ProteÃnas. Esto no significa incentivar su consumo o ingesta exclusiva si se cuenta con una ingesta proteica suficiente con alimentos sólidos.
ProteÃnas y riñones
La función renal se investiga controlando algunos parámetros (por ejemplo, albuminuria, proteinuria y TFGe). En particular, la eGFR (tasa de filtración glomerular estimada) identifica la capacidad de filtración renal. Los valores bajos de la TFGe se asocian con etapas cada vez más crÃticas de la insuficiencia renal, mientras que los valores altos generalmente indican una buena función orgánica.
Una dieta con alto contenido en proteÃnas implica una sobrecarga importante para los riñones en los pacientes renales. Sin embargo, la ingesta de proteÃnas está adecuadamente garantizada mediante formulaciones de aminoácidos y estrategias dietéticas ad hoc y no optando por la exclusión total. En sujetos sanos, la literatura no muestra evidencias concretas que confirmen la asociación entre un exceso de proteÃnas y la aparición / progresión de la enfermedad renal. Se comparte la afirmación de que el aumento póstumo de la TFGe tras la ingestión de proteÃnas es una adaptación fisiológica.
Descalcificación de proteÃnas y huesos
Otro mito asocia el consumo de proteÃnas con el fenómeno de la descalcificación ósea y la aparición de trastornos relacionados con el sistema esquelético, debido a un aumento de la excreción de calcio. Las proteÃnas son fundamentales para la salud ósea, constituyendo el útil andamiaje para la organización de la matriz mineral.

La homeostasis del calcio depende principalmente de una fina regulación hormonal, utilizada por la hormona paratiroidea, la calcitonina y la vitamina D.
ProteÃnas y tumores
Solo podrÃamos concluir con la última de las leyendas: ¿las proteÃnas causan tumores? Asumimos que el cáncer es una patologÃa multifactorial para la que se identifican factores de riesgo o correlativos y hablar de cierta causalidad siempre es arriesgado.
En algunas enfermedades neoplásicas, se han detectado altos niveles de una molécula conocida como IGF1 (factor de crecimiento similar a la insulina o factor de crecimiento similar a la insulina), con poderosos efectos anabólicos necesarios para el crecimiento celular. Las proteÃnas, que pueden aumentar el IGF1 (aunque en rangos fisiológicos), han sido demonizadas e identificadas como un desencadenante. Pensar de esta manera es extremadamente reduccionista y simplista; debe evaluarse el contexto en el que se abordan determinados temas y se extraen conclusiones.
Finalmente, ciertos alimentos puramente proteicos se clasifican como elementos procarcinógenos: el problema en este caso no está representado por las proteÃnas en sÃ, sino por las moléculas utilizadas / derivadas de los procesos de fabricación, cuya nocividad es clara (el caso clásico de la carne procesada).
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